Perspectivas europeas para una criminología crítica de René van Swaaningen

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Por: Eduardo Alejos Toribio


Tema central: Evolución, crisis y reconstrucción de la criminología crítica en Europa bajo el imperativo de la justicia social y los derechos humanos.

1. Raíces e historia del pensamiento criminológico europeo

En esta obra, René van Swaaningen ofrece un panorama completo sobre la evolución de la criminología en Europa, destacando una diferencia fundamental con el modelo de los Estados Unidos. Mientras que la criminología norteamericana se desarrolló como una herramienta práctica y estadística para ayudar a la policía a controlar a los delincuentes, en el continente europeo la criminología nació y creció en íntima relación con el Derecho Penal, la Filosofía y la Sociología.

  • A finales del siglo XIX surgieron dos grandes corrientes: la escuela clásica, centrada en defender las garantías del individuo frente a la arbitrariedad del Estado (basada en las ideas del Iluminismo y Beccaria), y la Escuela Moderna (encabezada por juristas como Franz von Liszt y Adolphe Prins), que buscaba integrar la criminología a la ley para combatir el delito de forma más eficiente.

Aunque la Escuela Moderna intentó introducir mejoras sociales, su enfoque utilitario terminó siendo manipulado por gobiernos autoritarios en los años 30. Como respuesta a estos desvíos, en los años 60 y 70 floreció la Criminología Crítica, una perspectiva que demostró que el concepto de delito es una construcción política y que las cárceles no resuelven los problemas, sino que refuerzan la desigualdad social.

2. La crisis del pensamiento crítico en los años ochenta

A partir de la década de 1980, la criminología crítica se enfrentó a sus propios límites y entró en una fase de desorientación. Muchos universitarios críticos se encerraron en debates teóricos abstractos y en repetir consignas radicales, afirmando que nada funcionaba dentro del sistema capitalista. Al decir que la policía y las cárceles debían desaparecer sin ofrecer respuestas inmediatas para el día a día, dejaron desprotegida a la población trabajadora que sufría la delincuencia común en sus barrios.

Al mismo tiempo, la política en Europa sufrió un cambio drástico. Los gobiernos comenzaron a desmantelar el Estado de Bienestar (reduciendo presupuestos en salud, educación y ayuda social) y adoptaron un enfoque gerencial de la justicia. La política penal dejó de lado la idea de rehabilitar al delincuente o de solucionar las causas sociales de la marginación; en su lugar, empezó a gestionar el sistema de justicia como si fuera una empresa privada, preocupándose únicamente por reducir costos, acelerar los trámites procesales y aumentar la capacidad de las cárceles.

3. La justicia actuarial y el avance del populismo penal

Un punto central de la obra es la denuncia de la justicia actuarial o «gestión del riesgo». Este modelo abandona la idea de juzgar a la persona por su historia individual o por el acto concreto que cometió. En su lugar, utiliza estadísticas y perfiles para clasificar a los ciudadanos según el riesgo que representan para el sistema. La persona deja de ser vista como un ser humano y pasa a ser tratada como una cifra dentro de un cálculo de probabilidades.

Esta forma de gestionar la justicia se combina con el populismo penal: la costumbre de los políticos de aprovechar el miedo de la sociedad hacia la delincuencia para obtener votos de manera fácil. En lugar de educar al público y explicar que el delito se combate con mejores empleos y cohesión comunitaria, los gobernantes prometen aumentar las penas, endurecer la policía y recortar las garantías de los acusados.

  • Esto genera campañas de pánico moral que terminan criminalizando a los grupos más vulnerables, especialmente a los jóvenes pobres y a los inmigrantes.

4. El modelo holandés y las contradicciones de la tolerancia

El autor analiza en detalle la situación de los Países Bajos (Holanda), reconocido en el mundo por su tradicional política de tolerancia y sus bajas tasas de encarcelamiento. Van Swaaningen explica que la tolerancia holandesa no era un acto de bondad romántica, sino una estrategia pragmática: las autoridades comprendían que perseguir penalmente ciertos comportamientos sin víctima (como el consumo de drogas blandas o la prostitución) generaba más redes mafiosas y violencia que los problemas que pretendía corregir.

Sin embargo, el libro advierte que en los últimos años Holanda ha ido abandonando esa tradición. Cedió ante la presión de las políticas internacionales de “ley y orden”, aumentando su población carcelaria y aplicando controles cada vez más estrictos. Este caso demuestra que la tolerancia es muy frágil si se mantiene solo como un cálculo utilitario y no se respalda con un compromiso ético profundo en la sociedad.

5. Propuesta de reconstrucción: criminología, justicia social y derechos humanos

Para salir del estancamiento, René van Swaaningen propone construir una criminología crítica renovada que funcione como un discurso de reemplazo. La criminología no puede ser un simple manual de instrucciones para la policía, pero tampoco puede quedarse en la queja abstracta sin proponer soluciones.

  • La nueva criminología crítica debe reconciliarse con el derecho y colocar en el centro la justicia social y los derechos humanos. Las garantías del debido proceso y los límites al poder del Estado no son lujos inútiles, sino herramientas fundamentales para proteger la dignidad de las personas.

La verdadera prevención del delito no se logra mediante el aumento del castigo ni el control tecnológico de las calles, sino garantizando una distribución equitativa de los bienes sociales, protegiendo a las víctimas de manera efectiva y asegurando que todas las personas tengan un lugar digno en la comunidad.

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