La cuestión criminal de Eugenio Raúl Zaffaroni – Resumen

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Por: Eduardo Alejos Toribio


Tema central: Divulgación de la criminología, genealogía del poder punitivo, el discurso de la emergencia y el papel de los medios de comunicación.

1. La necesidad de divulgar la cuestión criminal

La cuestión criminal es una obra concebida para sacar la criminología de los claustros universitarios y llevarla al lenguaje de la calle. El autor señala que el delito y la inseguridad son los temas sobre los que más se habla en la sociedad, pero sobre los cuales existe la mayor cantidad de información falsa e interesada. Para aclarar el panorama, Zaffaroni propone examinar tres voces que conviven en el debate público:

  • La voz de la academia: El conocimiento producido por los científicos y juristas en las universidades, que suele ser riguroso, pero que comete el error de hablar en un idioma técnico e incomprensible para la gente común.
  • La voz de los medios de comunicación masiva: El discurso construido por las grandes cadenas de televisión y periódicos, que explota el morbo, infunde miedo y vende soluciones mágicas basadas en el aumento del castigo.
  • La palabra de los muertos: La realidad contundente e innegable de las víctimas reales que pierden la vida por la violencia del delito, la violencia policial y los abusos del poder estatal a lo largo de la historia.

2. El origen del poder punitivo y la expulsión de la víctima

El libro aclara un malentendido común: el poder de castigar mediante la cárcel no ha existido siempre. En las sociedades antiguas o en los pueblos originarios, cuando una persona dañaba a otra, el conflicto se resolvía entre los involucrados mediante reparaciones económicas, disculpas o acuerdos familiares. La víctima tenía el papel principal en la solución del problema.

Entre los siglos XII y XIII en Europa, los reyes y la Iglesia decidieron apoderarse de este proceso y confiscaron a la víctima. La autoridad declaró: El delito ya no te afecta solo a ti, me afecta a mí como rey o como institución. De este modo, la víctima fue expulsada del conflicto y reducida a un simple testigo.

  • Nació así el poder punitivo vertical: un modelo que no busca reparar el daño que sufrió la víctima, sino reafirmar la autoridad del que manda mediante la imposición de sufrimiento al infractor. La pena no resuelve el problema entre las personas, simplemente lo congela y lo deja sin solución real.

3. La estructura de la Inquisición y la fabricación de emergencias

Zaffaroni demuestra que la forma en que hoy se nos vende la necesidad de aumentar los castigos es exactamente la misma que inventó la Inquisición medieval en el libro Malleus Maleficarum (El martillo de las brujas) de 1487. En aquel momento, los inquisidores afirmaron que la sociedad estaba en un peligro extremo por culpa de las brujas y sus pactos con el diablo.

Para combatir esa emergencia, la Inquisición eliminó todos los límites al poder: autorizó las torturas, los juicios secretos, los chismes sin pruebas y la persecución de mujeres inocentes. Quien atrevía a dudar de la existencia de las brujas era acusado de ser cómplice del diablo. El autor explica que hoy se utiliza exactamente la misma estructura: se crea o exagera una emergencia (los jóvenes, los inmigrantes, las drogas, la inseguridad), se genera un pánico colectivo y se le pide a la gente que renuncie a sus libertades individuales para que la policía pueda actuar sin frenos.

4. La falsa ciencia del positivismo biológico y el racismo

Durante el siglo XIX, el discurso del castigo se disfrazó de ciencia a través del Positivismo Biológico encabezado por Cesare Lombroso. Este médico italiano afirmó que los delincuentes eran seres biológicamente inferiores, «salvajes» que nacían mal terminados y que se podían reconocer por la forma de las orejas, el cráneo o los tatuajes.

Esta teoría no fue más que un prejuicio social elevado a la categoría de ciencia. Sirvió para justificar que las potencias europeas colonizaran a los pueblos de América y África (considerándolos razas inferiores) y para encerrar a los pobres de las ciudades.

Esta forma de pensar tuvo consecuencias trágicas en el siglo XX: justificó la esterilización forzada de miles de personas en Estados Unidos y alcanzó su punto más oscuro en las masacres de los campos de concentración nazis. Zaffaroni advierte que debemos estar atentos, porque constantemente reaparecen intentos de explicar el delito a través de supuestos defectos genéticos o cerebrales.

5. La criminología mediática y el modelo de sociedad en juego

En la actualidad, la criminología que realmente moldea la opinión de la población es la criminología mediática. Los programas de televisión y las redes sociales construyen una realidad dividida en dos bandos en guerra: los «buenos» (gente inocente) y los «malos» (delincuentes desalmados a los que se priva de su condición humana).

Los medios eligen las noticias más sangrientas, las repiten de forma incansable y construyen un estereotipo de delincuente asociado a la imagen de los jóvenes de barrios desfavorecidos. Al señalar a este grupo como la causa de todos los males, se ocultan los delitos cometidos por las grandes corporaciones y los sectores poderosos. En el fondo, la discusión sobre la cuestión criminal es una decisión sobre qué modelo de país queremos:

  • El Estado social o incorporativo: Un modelo que busca la paz integrando a las personas mediante el trabajo, la educación, la salud y la reducción de las desigualdades.
  • El Estado gendarme o excluyente: Un modelo que renuncia a la justicia social y pretende mantener el orden dividiendo a la sociedad, infundiendo miedo y utilizando a la policía y a las cárceles como único instrumento de control.

 

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